FUERTEVENTURA, Canarias (8 a 14 agosto 2010)

SONY DSC Llegamos a Gran Tarajal, en Fuerteventura, el 8 de agosto sobre las siete de la tarde. Es un pueblo relativamente grande, con una gran playa de arena negra y el típico paseo marítimo a lo largo. El puerto queda cerca del centro.

 

SONY DSC  Atracado frente a nosotros en el puerto está el barco ASTIMARGA, de GERMÁN. Charlamos con él un rato y nos ofrece un muerto con boya que tiene en Las Lajitas, un pueblo a unas seis millas al Sur. Así es que aprovisionamos bien el barco y, el dia 10 de agosto, nos fuimos para allá.

 

SONY DSC  El paseo hasta Las Lajitas lo hacemos navegando cerca de tierra, disfrutando de esa costa tan peculiar que presenta Fuerteventura.

 

 

playa-de-la-lajita-1024x768  La imagen de la derecha es una foto de una foto que había en un bar, pero os dará idea de la situación en la que se encontraba la boya de Germán: un pueblito pequeño en una bahía abierta.

 

 

SONY DSC Pasamos en Las Lajitas dos días muy tranquilos, hasta que se metió un viento del Este que, aunque anunciado, nos hizo la estancia incómoda. Estábamos seguros en la boya, pero las rachas de más de 40 nudos formaban unas olas que hacían que el barco se moviera mucho. De hecho, Quique casi se cae de la litera en una siesta!! Además era un viento muy caliente. Así, el día 12 salimos hacia Morro Jable, casi en el extremo Sur de la isla.

 

SONY DSC Fuimos otra vez bordeando la costa, sólo con el foque esta vez.

 

 

 

SONY DSC Llegamos a Morro Jable por la tarde. El viento se ha ido haciendo cada vez más calido y más fuerte. Cuando llegamos al puerto, la intensidad del viento dificulta la maniobra, hasta hacer casi imposible meterse con seguridad entre los fingers de los pantalanes. Así, nos acercamos a la cabecera de uno de ellos, y con la ayuda de varias personas, lanzamos unas amarras largas de las que, entre todos, fuimos tirando poco a poco contra el viento, hasta quedar a una distancia prudente del pantalán.

morro-jable No os podemos explicar muy bien lo que fue aquel viento, porque cualquier cosa que os digamos parecerá una exageración. La gente del pueblo decía que no había vista nada igual en más de 50 años. Era un viento tan caliente, que la única imagen que puede compararlo es: enciende el secador del pelo, enfócatelo a la cara a unos 30 cm y a ver cuánto aguantas. Las rachas eran de más de 45 nudos, la temperatura de más de 45 grados y la humedad ambiental no llegaba a 40%.

En estas condiciones hicimos la maniobra de atraque e inmediatamente después de terminar, nos dio a los dos un golpe de calor: Marta casi se desvaneció y a Quique le dieron tales dolores de tripa que se revolcaba por el barco, en los sitios en los que Marta, tumbada en el suelo casi desmayada, dejaba libres. Todo un espectáculo. Por la noche, no decayeron ni la temperatura ni el viento. Teníamos que cerrar todos los portillos y escotillas para que no entrara el calor de fuera, aunque nuestros termómetros de dentro del barco marcaban los 45º. Esa noche, Quique salió tres veces a tirarse al agua.

En Morro Jable hicimos amistad con nuestros vecinos: Juan Antonio y Ester, Pedro y su mujer y con Andrés. Pero sobre todo, nos entendimos muy bien con Álvaro, un bombero con muchas ganas de navegar.

SONY DSC Dos dias después. salimos hacia las Palmas, con un recuerdo para Moitessier, que navegó por estas aguas y se enamoró de esta isla.

 

 

 

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