Île à Vache, HAITÍ (16 a 23 abril 2013)

 

1  Tardamos, más o menos, dos días en llegar desde Port Morant (en Jamaica) hasta Île à Vache (Isla Vaca) en Haití

 

 

2 Hay que tener en cuenta que los Alisios casi siempre soplan del Este y que el Canal que separa Jamaica de La Española tiene unas 160 millas. Dimos tres largos bordos a cada banda que nos dieron para entrar ya amanecidos en Île à Vache. Contorneamos la isla hacia el fondeo y sorteamos infinidad de boyas de pescadores, que aquí son simples botellas de plástico.

 

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El que no vea al dragón intentando comerse al sol, ¡es que no tiene ojos!

 

 

 

4 Y así llegamos a Port Morgan, bahía donde se refugiaba el famoso pirata del acoso de las naves españolas. O simplemente, descansaba aquí. Una cosa puedo deciros: tonto, lo que se dice tonto, no era.

Sólo con acercarte a la isla, el color de las aguas cambia a un suave azul turquesa. Los fondos son todos de pura arena.

 

5 Mar en calma, cielo azul, rocas blancas, costa llena de vegetación…

Esta isla tiene unas 8 millas de largo por 2 en su parte más ancha. No tiene coches, ni carreteras, ni red eléctrica de tierra, ni sistema de conducción de aguas. Viven aquí unas 20.000 personas.

 

 

7 Ya antes de llegar a la isla empezamos a ver los “bois-fouye”, o “batimán” (como ellos los llaman). Son pequeñas embarcaciones de madera, sin motor, y con una cantidad totalmente desproporcionada de vela. Serán nuestra compañía permanente mientras estemos aquí.

6 Y ésta es la bahía de Feret, la del pirata, en la parte noroeste de la isla. Aquí vamos a estar tranquilos.

Frente a nosotros, lo que veis en la foto, es un hotel que se nutre básicamente de turistas franceses. No podemos deciros mucho de él, no lo pisamos.

 

 

8 ¿Tranquilos? No habían pasado ni tres minutos y ya estábamos rodeados de cayucos de haitianos (mayores y pequeños) ofreciendo sus servicios. O pidiendo comida, zapatos… A los niños haitianos no les dejan asistir a la escuela si no tienen zapatos. Hay familias que han conseguido ahorrar para pagar las tasas escolares, pero lo de los zapatos se les hace dificil.

 

 

9 Ayudamos lo que pudimos, pero se hace dificil sentir tan de cerca la necesidad de la gente que se acerca al barco. Porque en San Blás vimos mucha pobreza, pero aquí hay mucha miseria.

Si alguien quiere echar una mano a esta gente, más adelante os decimos cómo hacerlo.

 

10 Os presentamos a Colby, un chaval de 17 años con unas ansias locas de estudiar medicina. Le hace falta dinero, claro, y en los ratos libres del Instituto, hace trabajillos en lo que puede.

Lo tomamos bajo nuestro cuidado o, más bien, él nos cuidó a nosotros mientras estuvimos en Île à Vache. Nos traía, nos llevaba, nos acompañaba, nos enseñaba los mejores sitios de la isla, nos ayudaba con las tareas del barco. Una persona inteligente, educada, honesta, discreta y trabajadora que merecería ver cumplidas sus aspiraciones. Aunque yo tengo la esperanza de que conseguirá ser médico y ejercer en su isla de nacimiento, donde su profesión es tan necesaria.

11 Casi lo primero que le pedimos fue pan, y nos trajo estos pens haitianos de tan curiosa forma.

 

 

 

 

12 Estas langostas nos las regaló un pescador, al que nosotros al su vez, habíamos regalado unas gafas de bucear. Así son las cosas aquí.

 

 

 

13  La playita que tenemos frente a El Duende es una preciosidad.

 

 

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14  No hay aquí un poblado propiamente dicho. Hay casitas, bajas, dispersas por el monte y la costa.

 

 

 

17 Y esto es la discoteca. ¿Para qué mas? Una pequeña barra para pedirte la cerveza, unos pedazo de altavoces y un techado bajo el que bailar sin parar.

 

 

 

18 Un día subimos con Colby hasta el Urocashime, el pico más cercano a nuestro fondeo. Esto es lo más parecido que vimos en la isla a una carretera.

 

 

 

 

19 Las vistas desde arriba son de espectáculo. Ya ves, la gente pegándose tortas por visitar las Antillas, cuando el auténtico Caribe está en estas islas (o Los Roques, o Las Aves, o San Blás…) de las que yo, al menos, no había oido hablar en mi vida antes de ahora…

 

20 Y ahí está El Duende.

 

 

 

 

 

23 Nos encontramos estas casitas dispersas. Son pequeñas, con cuidados jardines y pintadas de todos los colores. En toda la isla no vimos viviendas mayores que éstas.

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21 Y seguimos subiendo y subiendo hasta llegar a lo alto del pico. ¡Se nota la falta de práctica! Los músculos de nuestras piernas se quejan de la subida…

 

 

 

22 Pero sin la menor duda, el esfuerzo merece la pena.

Éste es el lago Samafe, comunicado subterráneamente con el mar.

 

24 Ésta es una de mis fotos favoritas. No hay truco, ni retoque ni mejoras de ningún tipo. Es que las cabras estaban allí, y el mar tenía ese color.

 

 

 

 

25 Allí estaban, en una loma sobre la playa de Ashdife.

Esta isla es pequeña pero debe tener docenas de playas como ésta.

 

 

26 No se refleja en la foto, pero la sensación era de ingravidez.

 

 

 

28 A la vuelta nos paramos un rato a curiosear por la playa y a charlar con los pescadores que remendaban sus redes.

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30 Y con los maestros calafateros.

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39   40 Las anclas de aquí, con cepo de madera.

 

 

 

 

34 Todos los barcos van equipados con largas varas de bambú, que usan como perchas, botavaras, tangones…

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32 El Duende en su fondeo, con Cayo Raquette por detrás.

 

 

 

 

Algunas fotos de los barcos y la playa.

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38 No solemos poner muchas fotos nuestras, así es que allá va una de Marta.

 

 

 

 

 

42 Quique ayudó a sacar del agua el boliche de unos pescadores y nos quedamos con un buen ranchito de pescao.

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45 Llegó por allí unos días más tarde Antonio, del Razzle Dazzle, al que habíamos conocido en Jamaica. En la foto de la izquierda tenéis el barco (de un color parecido a El Duende).

46 Y Antonio a bordo de El Duende, junto a Obson, un amigo de Colby.

 

 

Teníamos a los batimanes todo el tiempo a nuestro alrededor.

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48 Algunos de ellos, con los tripulantes haciendo trapecio.

49 Otras canoas, hasta los topes de nasas.

 

50 O de redes…

 

 

52 Al día siguiente nos trajeron al barco un buen pargo, que preparamos al horno

 

 

 

 

53 Otro día nos fuimos de excursión a visitar a Madam Benná, como conocen en patois a Sister Flora, una monja franciscana canadiense que lleva más de treinta años viviendo en la isla, donde tiene un orfanato y que ayuda como puede a los habitantes más necesitados de Île à Vache.

 

 

54 Fuimos hacia allá caminando, una excursión de casi tres horas.

 

 

 

 

55 El árbol, cuajado de mangos a punto de madurar. Están tan ricos…

 

 

 

 

59 Igual caminábamos por monte que íbamos bajando a pequeñas playas.

 

 

 

 

57 Playas con pequeños varaderos, en los que se construyen o reparan los batimanes.

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56 Y siempre, las pequeñas casitas dispersas.

 

 

 

 

 

 

 

60 En medio de un monte, nos encontramos con una escuela municipal.

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62 Pasamos un buen rato jugando con los niños

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65 A lo largo del camino fuimos encontrando muchas construcciones de este tipo, que son monumentos funerarios. A veces más elaborados. Otras, simples montones de piedras.

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67 Hasta que llegamos al Hogar de Acogida de Madam Bená (Sister Flora).

No os podéis imaginar lo pequeñita que es esta mujer. Hay que ver cómo, a veces, personas aparentemente delicadas tienen luego semejante fuerza vital.

 

 

66 Sister Flora nos recibió en el Centro, donde le dejamos algunos artículos de primera necesidad que habíamos guardado para donarlos.

 

 

 

 

 

68 Sister Flora es francoparlante y no habla español ni inglés. Michelle, que trabaja con ella en el Centro, hizo de guía y nos enseñó las instalaciones.

Además de tener una escuela, acogen a niños abandonados en el orfanato, y se encargan especialmente de niños con problemas. Tienen profesores de educación especial para discapacitados psíquicos y fisioterapeutas para niños con minusvalías. Nos trataron con suma amabilidad y nos agradecieron los regalos, aunque nos quedamos con la sensación de que era muy poca cosa para las necesidades de esta gente.

Si alguien está interesado en saber más sobre la labor de Sister Flora, o quiere hacer alguna aportación, puede ponerse en contacto con ellos en la siguiente página de Internet:

http://www.friendsofileavachehaiti.com/

 

69 Tras la vista al Centro, nos acercamos al cercano mercado. Primero al mercado de ganado, aunque pocos bichos había a la venta.

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71   72 Las monturas locales

 

 

 

73 Y luego, al mercado de fruta y verdura. Bueno, y de todo. ¿O de poco?

 

 

 

 

74 Quique compra unas verduras en uno de los puestos más surtidos.

75 ¿Y qué me decís de la farmacia?

 

 

 

 

76 ¿O del donkey parking?

 

 

 

 

 

77 Para no tener que deshacer las tres horas de caminata al barco, decidimos imitar a los locales, y hacer el viaje de vuelta en batimán. Bueno, y que nos apetecía, la verdad.

Éste es el SELETENEL KIBONOYE, que significa “tira por la sombra” en patois.

 

 

78 Allí nos metimos 16 personas… Y pudimos ver todas las maniobras con las velas, y sentir en nuestras carnes la tremenda inestabilidad de estos barcos.

 

 

 

79 Y así nos sumamos a esta peculiar “operación retorno”.

Fue muy divertido.

 

 

 

80 Y llegamos sanos y salvos, sin haber parado de reirnos todo el camino con el resto de los tripulantes.

 

 

 

 

81 El Cayo Raquette, iluminado por la luz del atardecer.

 

 

 

82 Otro día vino Flavie, la tía de Colby, a enseñarnos a cocinar la cambombia. Cambombia es como llaman en Venezuela, Colombia y Panamá a las grandes caracolas, cuya carne es muy apreciada.

 

 

 

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Y así fueron pasando los días en esta isla. Es es único sitio que vamos a conocer de Haití, pero nos ha dejado impresionados. ¡Muy bonita!

 

 

 

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9 respuestas a Île à Vache, HAITÍ (16 a 23 abril 2013)

  1. Águeda dijo:

    Fantástico post!!

  2. Gennaro Pepe Ciller dijo:

    Atmosfericamente autentico.la Marta esta mas joven
    besos
    Gennaro

  3. rascacio dijo:

    Muy bien me gusta esta filosofìa de la vida en un barco,se que no lo voy a hacer,pero esta bien.

  4. Mar dijo:

    Que isla mas bonita y cuanta vida parece tener para ser tan chica! Me pregunto sobre la madera para sus embarcaciones, la consiguen ya de esas medidas o reciben tablones que ellos sierran? que tipo de madera usan? Los taxi-veleros me encantan!

  5. teresa caceres dijo:

    !!Impresionante!! Lo que daría por acompañaros un ratito en la isla de Morgan … esa cabra parece un unicornio gordo en el paraíso
    . Marta, estás guapísima y escribes requetebién. Es un gran placer verte y leerte. Un abrazo grande!

  6. Fernandet dijo:

    Nos ha gustado molt la entrada, ni el national geographic sa, saca un reportaje de este calibre.
    Besos

  7. pedro dijo:

    Antonio un buen marino un gran tipo

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